domingo, 27 de mayo de 2012

Pentecostés 2012

                                    " Paz con ustedes.
Igual que el Padre me ha enviado a mí,
Los envío yo también a ustedes.
Dicho esto sopló y les dijo:
Reciban Espíritu Santo"

Jesús «sopla», infunde su propio aliento, su propia respiración, la que lo animó en su andar peregrino y en la entrega final. Da el Espíritu (Jn 19, 30), y con él está creando la nueva condición humana, la nueva humanidad, la de espíritu (Jn 3,6; 7,39), espíritu de «amor y lealtad» (Jn 1,17). Esto sí que es «nacer de nuevo» (Jn 3,1-8), en definitiva «nacer de Dios» (Jn 1,13). Una humanidad que queda capacitada para realizarse desde el «hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). Esta configuración filial y fraterna es la máxima expresión de «la verdad que hace libres» (Jn 8,31s), porque por medio de ese espíritu los seres humanos quedan «consagrados con la verdad» (Jn 17,17s). Hay un soplo, un aliento, una respiración nueva, que nos permite hacernos a la vida, en medio de los avatares de la historia, sin desfallecer, volviendo constantemente a la inspiración primera.
Celebremos Pentecostés como una renovación de nuestra vida de fe, en el Espíritu, que nos impulsa, cada día, a la creatividad de una vida en alternativa. Alternativa a todo lo que nos quiera impulsar en sentido contrario a una vida como hijos/as y hermanos/as. Siempre habrá vientos en contra y no obstante, y por lo mismo, seguiremos renovando nuestra confianza en la fuerza y dinamicidad del Espíritu. Pues la experiencia constante, en la historia, de tantos ‘Pentecostés’, nos recuerda que sólo el Espíritu Santo, que siempre es creador de unidad en el amor y santificador en la aceptación recíproca de la diversidad, es el que puede liberarnos de la constante tentación de querer dominar y uniformar todo según una única visión de las cosas.
Frente a tantos desafíos críticos de nuestra realidad presente, en todos los niveles de vida, la tentación a claudicar, a decepcionarnos, o a apasionarnos con reacciones violentas, que están a la orden del día, la fuerza del aliento divino, nos impulsa a buscar las soluciones desde lo profundo de nosotros/as mismos/as, sacar afuera la dinamicidad de una nueva humanidad, que se anime a realizar gestos nuevos de vida compartida, solidaria, más digna y humana, más ecuménica e interreligiosa, más vinculada con la naturaleza, como una ofrenda agradable, viable, vivible, agraciable...

Ven Espíritu Santo, como cristianos/as, ciudadanos/as,
Te damos gracias por tu divina inspiración.
Levantamos las banderas de la libertad y la dignidad,
De los hijos/as del Dios de la vida en abundancia.
Nos hacemos al diario camino de nuestra historia,
Con la fuerza de tu amor en nuestra debilidad.
Ven Espíritu Santo, se nuestra honda respiración,
Queremos por tu medio, recibir el «Shalom» de Jesús.
Queremos sentir esa «Paz a ustedes»,
Una paz «no como la da el mundo»,
Sino como sólo Dios puede darla, libre y generosa,
Como un nuevo estado de las cosas, más en relación.
Ven Espíritu Santo, te necesitamos para no agonizar,
Renueva nuestra vocación a ser servidores/as de la vida.
Queremos ser todos/as transformados por la victoria del amor...

P. Tony Fidalgo CSsR.

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