martes, 21 de febrero de 2012

CUARESMA, tiempo de encuentro con el Amor de Dios.



Lic. José luis D'Amico
Director del Centro Bíblico
Nuestra Señora de Sión



Los cristianos llamamos CUARESMA a los CUARENTA DÍAS que antecede a la Pascua de Jesús.

Comienza el miércoles de cenizas. En esta celebración nos comprometemos a vivir un tiempo especial, en el que expresamos nuestra pobre condición humana. Por eso el sacerdote deja caer sobre nuestras cabezas un poco de cenizas, signo de humildad y arrepentimiento. Este día es de ayuno y penitencia.

El tiempo establecido, cuarenta días, es un modo de replicar en nuestras vidas el tiempo de Jesús, quien antes de comenzar su vida pública, se preparó con cuarenta días de ayuno en el desierto.

Y a la vez, esta experiencia de Jesús busca reproducir el tiempo de los cuarenta años que el pueblo de Israel tardó en cruzar el desierto desde su liberación de Egipto.

Tanto Israel como Jesús tuvieron su experiencia de Dios en estos desiertos. Ambos tuvieron que elegir, uno mientras caminaba, el otro mientras estaba en soledad, en un mismo lugar.

Uniendo ambos hechos, es un tiempo de reflexión, de decisiones, y reconocimiento de la condición de hombres y mujeres a quienes Dios ha decidido amar hasta “el extremo” (Jn 13.1)

¿Qué significado le damos a este tiempo?

Por un lado, expresamos la necesidad de tiempos fuertes, es decir, un tiempo en el cual ponemos más atención psicológica, afectiva y espiritual, en la condición humana y su pecado.

Y cada año buscamos revivir este tiempo, porque como hombres y mujeres, necesitamos internalizarlo, para no tomar la vida como rutina ni la fe como un ritual.

Este reconocimiento se expresa en la liturgia, que presenta lecturas y cantos penitenciales y en la experiencia personal de cada uno, que busca encontrarse con Dios, reconociendo su pobreza.

Pero no se trata, al menos no es esa la intención, de quedarnos encerrados en una experiencia masoquista del pecado. Esta condición humana y pecadora clama por el amor de Dios, que entrega todo este amor en la persona de Jesús.

Por eso el tiempo de cuaresma es también un tiempo de limosna y solidaridad, para expresar que el ayuno agradable al Señor es es la justicia y la solidaridad (cfr Is 58,6) y no un triunfo individualista del dominio de gustos y pasiones humanas.

Nuestra experiencia del pecado nos hace buscar el rostro del amor de Dios, y se encuentra con Jesús, que entregó su vida para que nosotros vivamos de su Gracia. Y ese amor lo celebramos, cuarenta días después, en la fiesta de la Pascua.

Por eso Cuaresma está unida a la Pascua. Porque la experiencia de la debilidad humana busca la Omnipotencia de Dios, que se abaja, se entrega y nos perdona.

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