viernes, 15 de julio de 2011

AMIA

18 de Julio de 1994: 09.53, Buenos Aires se paralizó ante lo inimaginable y el corazón de los argentinos de bien - que somos muchísimos-, también quedó inerte ante lo inexplicable. Pasado el momento de terror y de angustiosa espera, llegó la desesperanza, el olvido de muchos y hasta diría que hoy este nuevo aniversario nos encuentra sumergidos en una indiferencia que espanta. Para muchos, la masacre de AMIA ha quedado reducida a la historia de nuestra Nación, pero hemos dejado de retenerla en la memoria de cada uno de nosotros y mientras esto ocurra, irán muriendo nuevamente año tras año cada una de aquellas 85 personas, víctimas de este feroz atentado.

Los que no olvidan, familiares y amigos de quienes fueron asesinados se preguntarán ¿como se hace para seguir viviendo? ¿como se hace para no sentir odio o rencor en el corazón de cada uno? Preguntas que no tienen respuestas, respuestas con temor a las preguntas.

No bajemos los brazos, sigamos clamando justicia, exigiendo el esclarecimiento de este terrible acontecimiento que todos, como habitantes de esta Nación nos merecemos. Como cristiana que trata de vivir el Evangelio aprendí que cuando Juan Pablo II se arrodilló en Auschwitz, la Iglesia comprendió el Holocausto y la Shoá pasó a ser parte de ella misma. La masacre de AMIA no es una cuestión judía, es de todos los argentinos y por ser tal, tenemos la obligación de seguir exigiendo su esclarecimiento, porque solo si retenemos en nuestra memoria este terrible acontecimiento, algún día, posiblemente algún día, habremos cumplido con una inmensa deuda pendiente.

Martha de Antueno

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