domingo, 24 de julio de 2011

A propósito del film: "Des hommes et des dieux" ( De dioses y hombres) Gran premio del jurado Cannes 2010 (Dir: Xavier Beauvois)

El 26 de marzo de 1996 siete monjes trapenses -cistercienses de la estricta observancia- fueron secuestra­dos de su monasterio de Nuestra Señora del Atlas, en Tibhirine, Argelia. Murieron degollados el 21 de ma­yo. Con ocasión del aniversario, la ciudad de Milán acogió la presentación del volumen «El jardinero de Tibhirine» («Il giardiniere di Tibhirine», Jean-Marie Lassausse con Christophe Henning, Cinisello Balsa­mo, Edizioni San Paolo, 2011). El libro incluye el testamento espiritual (firmado y fechado en Argel el 1 de diciembre de 1993 y en Tibhirine el 1 de enero de 1994; fue abierto el domingo de Pentecostés 25 de mayo de 1996) de uno de los monjes asesinados, entonces prior del monasterio.

Testamento

Si me sucediera un día -y podría ser hoy- ser víctima del terrorismo que parece querer involu­crar ahora a todos los extranjeros que viven en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida estaba entre­gada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de toda vida no podría permane­cer ajeno a esta partida brutal. Que oraran por mí: ¿cómo podría ser hallado digno de tal ofrenda? Que supieran asociar esta muerte a tantas otras igualmente violentas, relegadas a la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra. Tampo­co menos. En cualquier caso, carece de la ino­cencia de la infancia. He vivido lo suficiente como para saberme cómplice del mal que, la­mentablemente, parece prevalecer en el mundo, y también de aquel que podría golpearme ciegamente.

Llegado el momento, querría tener ese ins­tante de lucidez que me permitiera solicitar el perdón de Dios y el de mis hermanos en la hu­manidad, y al mismo tiempo perdonar de todo corazón a quien me hubiera golpeado. No po­dría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo. De hecho, no veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que amo fuera acusado indistintamente de mi asesi­nato. Sería un precio demasiado alto para la que, tal vez, llamaran la «gracia del martirio» debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si dice actuar por fidelidad a lo que él cree que es el islam. Conozco el desprecio con el que se ha llegado a rodear a los argeli­nos globalmente considerados. Conozco igual­mente las caricaturas del islam que alienta cier­to islamismo. Es demasiado fácil tranquilizar la conciencia identificando esta vía religiosa con los integrismos de sus extremistas.

Argelia y el islam, para mí, son otra cosa: son un cuerpo y un alma. Lo he proclamado bastante, según lo que he reci­bido de ellos concretamente, encontrando ahí con mucha fre­cuencia el hilo conductor del Evangelio que aprendí en las rodillas de mi madre, mi más temprana Iglesia, precisamente en Argelia y, ya entonces, en el respeto de los creyentes musul­manes. Evidentemente mi muerte parecerá dar la razón a los que me han tratado a la li­gera como ingenuo o idealista: «¡Que diga ahora lo que pien­sa!». Pero aquellos deben saber que por fin se liberará mi cu­riosidad más punzante.

He aquí que, si Dios así lo quiere, podré sumergir mi mira­da en la del Padre, para con­templar con él a sus hijos del islam como él los ve, totalmen­te iluminados por la gloria de Cristo, frutos de su pasión, in-vestidos del don del Espíritu, cuyo gozo secreto siempre será establecer la comunión y resta­blecer la semejanza, jugando con las diferencias.

Por esta vida perdida, total­mente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios que parece haberla querido toda en­tera para ese gozo, a través y a pesar de to­do.

En este gracias, en el que está todo dicho ya de mi vida, ciertamente os incluyo a vosotros, amigos de ayer y de hoy, y a vosotros, ami­gos de aquí, junto a mi madre y a mi padre, mis hermanas y mis hermanos, y a los su­yos ¡el céntuplo acor­dado, como se prome­tió!

Y a ti también, amigo del úl­timo instante, que no habrás sa­bido lo que hacías. Sí: también para ti quiero este gracias y este «a-Dios» por ti previsto. Y que se nos conceda reencontrarnos, ladrones felices, en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nues­tro, tuyo y mío. Amén. Insh'allah.

Autor: P. Christian de Chergé
Fuente: www.zenit.org

miércoles, 20 de julio de 2011

Una realidad que golpea fuerte:

La Confraternidad Argentina Judeo Cristiana no puede permanecer ajena a una noticia que nos conmueve intensamente. No es esta la Patria con que soñaron los hombres de Mayo y que establece nuestra Carta Magna.

La ley Suprema escrita o no escrita, debe tener por objeto el entendimiento humano en una sociedad que acepte como necesarias las discrepancias y a la cual el pueblo considere como una expresión de voluntad.

¿Hemos dejado de lado las manifestaciones expresadas en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional cuando dice: "..........asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino?"

"El hecho de que la legislación de una sociedad determinada permita el florecimiento legal del no racismo contribuirá a fortalecer el desenvolvimiento social en todo el mundo"- conf.opinión vertida en la Conferencia Internacional sobre Derechos Humanos de ONG, París, 1968"

Deploramos la noticia que nos llega e instamos a que cada ciudadano piense en qué tipo de sociedad le gustaría vivir y desarrollarse.

Martha de Antueno
Presidenta
CAJC


Antisemitismo/Argentina. El 30 por ciento de los argentinos no ve con agrado tener como vecino a un judío
13.07.2011
Iton Gadol


"El 30 por ciento de los argentinos no ve con agrado tener como vecino a un judío, según un informe académico difundido en Argentina, país que alberga la mayor colectividad judía de Latinoamérica.
El informe fue elaborado por la Universidad de Buenos Aires con el aporte de la Liga Antidifamación (ADL, por sus siglas en inglés) y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA).
El titular de la DAIA, Aldo Donzis, confirmó en declaraciones a la Agencia Judía de Noticias (AJN) que el estudio arrojó como dato que un tercio de los argentinos no quiere tener un vecino judío y adelantó que el informe completo será presentado próximamente a la opinión pública.
Por su parte, el vicepresidente de la DAIA, Angel Schindel, señaló que Argentina "probablemente es el país donde el antisemitismo es el más virulento de los países de América Latina".
"Este antisemitismo virulento, este antisemitismo solapado, no se exhibe abiertamente, pero existe y está encapsulado en la población y cualquier situación externa de pronto lo destapa", señaló el dirigente comunitario.
Sin brindar mayores detalles, Schindel aseguró que el informe académico es "muy serio" y se realizó en base a una “muestra representativa" no solo de la capital argentina y su populoso conurbano, "sino también de importantes ciudades del interior" del país"

viernes, 15 de julio de 2011

AMIA

18 de Julio de 1994: 09.53, Buenos Aires se paralizó ante lo inimaginable y el corazón de los argentinos de bien - que somos muchísimos-, también quedó inerte ante lo inexplicable. Pasado el momento de terror y de angustiosa espera, llegó la desesperanza, el olvido de muchos y hasta diría que hoy este nuevo aniversario nos encuentra sumergidos en una indiferencia que espanta. Para muchos, la masacre de AMIA ha quedado reducida a la historia de nuestra Nación, pero hemos dejado de retenerla en la memoria de cada uno de nosotros y mientras esto ocurra, irán muriendo nuevamente año tras año cada una de aquellas 85 personas, víctimas de este feroz atentado.

Los que no olvidan, familiares y amigos de quienes fueron asesinados se preguntarán ¿como se hace para seguir viviendo? ¿como se hace para no sentir odio o rencor en el corazón de cada uno? Preguntas que no tienen respuestas, respuestas con temor a las preguntas.

No bajemos los brazos, sigamos clamando justicia, exigiendo el esclarecimiento de este terrible acontecimiento que todos, como habitantes de esta Nación nos merecemos. Como cristiana que trata de vivir el Evangelio aprendí que cuando Juan Pablo II se arrodilló en Auschwitz, la Iglesia comprendió el Holocausto y la Shoá pasó a ser parte de ella misma. La masacre de AMIA no es una cuestión judía, es de todos los argentinos y por ser tal, tenemos la obligación de seguir exigiendo su esclarecimiento, porque solo si retenemos en nuestra memoria este terrible acontecimiento, algún día, posiblemente algún día, habremos cumplido con una inmensa deuda pendiente.

Martha de Antueno