sábado, 25 de junio de 2011

Nuestras condolencias y dolor por el fallecimiento de Monseñor Carmelo J. Giaquinta


S.E.R
Cardenal Jorge Mario Bergoglio
Estimado padre y amigo:

Todos los cristianos, miembros de nuestra institución, lamentamos profundamente la ausencia temporal de quien fuera nuestro querido compañero de caminos, Monseñor Carmelo J. Giaquinta. Nuestros hermanos mayores, nos acompañan en este dolor que provoca su ausencia, porque el Padre Giaquinta siempre estuvo cerca nuestro, alentándonos en la ruta elegida, respetando nuestras diferencias y celebrando las mismas, porque siempre comprendió las palabras del Cardenal Jean Marie Lustiger cuando dijo: "......que no se puede ser católico en el sentido pleno de la palabra y cristiano, si no compartimos este amor por el Pueblo de Dios, que es el Pueblo de Israel..."
El Padre Giaquinta comprendió este mensaje en toda su intensidad.

Deseamos en estos momentos de enorme pesar, estar cerca suyo que tan bien nos conoce y sabemos nos aprecia.

Elevaremos nuestras oraciones, cada uno desde su propia fe, para que el Señor de todos lo tenga junto a EL y para que aquellos que creemos en el significado de la palabra Resurrección tengamos presente que esa palabra implica la realización del encuentro deseado con la persona amada que nos espera en el amor de Dios para recomponer la unidad construida en la tierra.
Que su memoria sea bendecida,

Martha de Antueno
Presidenta
María Grandoli de Hrubisko
Secretaria Ejecutiva
Daniel Levin
Vice presidente 1º
Pastor Jerónimo Granados
Vice presidente 2º
P.Hernán Pérez Etchepare
Primer vocal y CD

miércoles, 22 de junio de 2011

Nuestras actividades para el mes de Junio-Julio


Los días sábado 25 de Junio y 2 de Julio, a las 15,30 realizaremos conjuntamente con el sector de Profesionales de la Acción Católica Argentina, dos charlas que entendemos será de muchísimo interés.

¿Que pasará al fin de los tiempos?
¿Que nos espera después de la muerte?

Una aproximación a través del Apocalipsis

Dos encuentros de reflexión a cargo del Pbro. Aldo Ranieri sdb


Montevideo 850, piso 3º
Bono contribución: $20 por cada charla


Si no se percibe claramente la imagen, hacer un clik sobre la misma

miércoles, 8 de junio de 2011

Fiesta de Pentecostés

Hemos recibido de nuestra querida amiga y maestra la siguiente reflexión que deseamos compartir con todos ustedes



Marta Bauchwitz,nds


Pentecostés


El paso de Jesús a su Padre a través del sufrimiento y de la muerte se abre sobre la Pascua , solemnidad de solemnidades, prenda de nuestra propia resurrección.

¿Y si la Pascua tomase todo su sentido en Pentecostés? Les conviene que yo me vaya… Si me voy, les enviaré el Espíritu Santo.

La fiesta judía de Shavuot – semanas, 50 días, es decir 7 semanas después de la Pascua- celebra a la vez la ofrenda a Dios de las primicias de la cosecha del trigo (Dt 16,9-12; Nm 28, 26-31) y el don de la Torá.

Por el don en plenitud del Espíritu de Jesús, don anunciado por los profetas, el Pentecostés cristiano sella la enseñanza recibida por los discípulos. La joven Iglesia hace entonces ofrenda a Dios de su primera cosecha: Los que aceptaron su palabra, fueron bautizados, y se les unieron aquel día unas tres mil personas.
Derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

¿Es decir que no será necesario ya enseñar, exhortar, decidir? El discurso y el comportamiento de Pedro y de los apóstoles prueban lo contrario: el cristiano vive del Espíritu Santo en una Iglesia animada por ese mismo Espíritu Santo.
No existe “comunión sin el Espíritu” sin una organización en el Espíritu. Desde las jóvenes Iglesias, organización de vida, estructura y comunión están ligadas (cf. Las epístolas de Pablo).
Antes de Pentecostés, más que una Iglesia, hay elementos yuxtapuestos, como los huesos de la visión de Ezequiel. El Espíritu Santo sopla y el cuerpo toma vida y se organiza, un pueblo de pie alabando a Dios.

- En Shavuot, el pueblo de Israel cosecha el trigo y sube a Jerusalén para ofrecer a Dios las primicias de esa cosecha.

- En Pentecostés, la Iglesia recoge los primeros frutos de su predicación y consagra a Dios, por el bautismo, los nuevos electos.

Permitiendo que la Iglesia naciente se entienda y hable en diferentes lenguas, el Espíritu le muestra su misión universal; ya no es sólo el pueblo de Israel sino toda la humanidad en su diversidad que rinde homenaje a Dios. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra (Gn 12,1-3).

Camino hacia Pentecostés,


Desde este 6° domingo de pascua, donde se nos promete la presencia a nuestro lado de «la consolación» del que ha sido «llamado» para estar siempre en nosotros para ser nuestra/o guía para descubrir y permanecer en el «espíritu de la verdad», que nos prepara así para recibir el Espíritu/ la Ruah de Dios, o sea, su mismo aliento comunional, les envío las palabras que les adjunto, para seguir haciendo camino juntos/as, sin desalientos ni falsos combatimientos, sino reforzando nuestro convencimiento que desde nuestra fe podemos con «suavidad y respeto, con tranquilidad de conciencia», compartir lo que creemos, esperamos y sobre todo lo que amamos, el Dios de la vida y la vida de Dios en nuestra realidad histórica. Realidad, a la que él mismo ha decidido amar hasta el extremo transformándola en el lugar de manifestación de su propia presencia, por lo cual es en ella y desde ella que nos encaminamos hacia la realización plena de nuestras vidas, desde lo pequeño de nuestro cada día hasta el último gran día… un gran abrazo, cariños y bendiciones.

P. Tony Fidalgo CSsR

«Jesús sopló y les dijo: reciban Espíritu Santo»

En el encierro, la apertura misionera; en el miedo, la paz que libera; en la debilitad, la fortaleza desde la centralidad del Dios de la Vida. La comunidad se hace en y desde el acontecimiento de la Pascua, en y desde el paso victorioso de la Vida en la muerte. Allí se da el don mayor desde el cual se podrán recrear todas las cosas.

Así es porque el Espíritu (Jn 20, 22) es el que capacita para la misión desde la constitución de una nueva identidad. Como en el origen hubo un aliento de vida (Gn 2, 7) ahora en este nuevo inicio de la historia, el Señor de la historia «sopla» «exhala su aliento». Por medio de este gesto creador, redentor y santificador, Jesús infunde su propio aliento, el/la Espíritu (Jn 19, 30), y así se crea la nueva condición humana, la del espíritu (Jn 3, 6-7) por el «amor y lealtad» que recibimos por medio de él (Jn 1, 17).

Contemplemos esta nueva realidad, completamente inédita. Contemplemos esta obra recreadora, este «nacer de Dios» (Jn 1,13) único, verdadero, que capacita a todos/as para «hacerse hijos/as de Dios» (Jn 1,12).

Celebremos este don magnífico por el cual somos liberados de quedar prisioneros «del pecado del mundo» (Jn 1,19) y así posibilitados de desenmascarar, en la complejidad de nuestras existencias, toda complicidad que nos inclina a la mentira del encierro, del miedo, de la debilidad cobarde que nos mantiene en los lazos de toda opresión. Animemos en este Pentecostés a dejar fluir el don de la Vida abundante (Jn 10, 10), a dejar emerger lo mejor de la vida en medio de nuestros cotidianos desafíos. Posibilitemos la experiencia de vida verdadera que nos da gratuitamente el/la Espíritu; esa donde «la verdad que hace libres» (Jn 8,31s) afianza en nosotros/as nuestra más genuina identidad de hijos/as, de hermanos/as.

Somos nuevas creaturas, libres y liberadas, por el/la Espíritu que nos impulsa «consagrados/as por la verdad» (Jn 17,17s) a realizar en el misterio de nuestras vidas «su Palabra, que es la verdad» que ilumina, sana e impulsa a vivir la vida como don y tarea.

Pentecostés es la celebración donde compartimos los frutos del Espíritu en fraternal comunión de vida nueva. Pentecostés es un canto a la vida que se entona por medio de reconciliaciones y de liberaciones de todo mal, cada día, como si se tratase siempre de nuevos inicios. Siempre en éxodo, siempre en caminos que nos lanzan a la vida en libertad y responsabilidad; caminos que realizamos no huyendo del «mundo» injusto (Jn 17,15), sino «estando en él» en adhesión a Jesús y su aliento de vida nueva, dejando cada vez por lo mismo de pertenecer a todo sistema mundanizado (Jn 17, 6.14).

Es verdad que la realidad, hoy como ayer, puede asustarnos y hasta acomplejarnos ante tan grandes desafíos. Muchas veces no se ven con claridad las posibles salidas y entonces preferimos encerrarnos cada uno en su propio yo, atendiendo sólo a lo suyo, olvidándonos del proyecto común de Jesús. Para sacarnos de este atolladero, Jesús nos alienta con su Espíritu, de comunión y de libertad. Hay que salir. Hay que manifestar, reflexionar y actuar pues está en juego la nueva humanidad.

Estamos llamados/as a descubrir los clamores del Espíritu, que podemos descubrir en la vida de los creyentes y en el andar de las comunidades, cuando buscan realizar el reino de Dios sencillamente y de a pie en los surcos de la historia. Estamos llamados/as a discernir esos clamores que a modo de presencia misteriosa se dejan entrever en muchas personas y agrupaciones que, desde sus lugares, contribuyen a superar las formas de pecado que deshumanizan y alienan nuestra humanidad.

En definitiva, estamos llamados/as con el aliento del Espíritu a dar a luz una nueva historia más digna para nuestro planeta y todos los que lo habitan.

P. Tony Fidalgo CSsR



viernes, 3 de junio de 2011

Shavuot: El tiempo de la entrega de la Tora

El propósito de la salida de los Benei Israel de Egipto, no fue exclusivamente la obtención de la libertad, la meta última era un encuentro con Dios (Éxodo 3:12) y el asentarse en la tierra de Canaan. Una lectura cuidadosa del texto bíblico revela que las dos metas se hallan íntimamente relacionadas entre sí. En Sinai, Dios le entregó al pueblo las normas y preceptos con los cuales debía conformar una sociedad que sirva cual paradigma para todas las naciones, por otro lado, la subsistencia del pueblo en esa tierra dependía del cumplimiento de aquel objetivo (Levítico 26:14-46; Deuteronomio 4-5, etc.). De donde se infiere que la libertad es un medio necesario pero no un fin en sí mismo.
De acuerdo a la Tora, el esclavo no puede servir plenamente a Dios, pues debe servir a su amo. Por ello, la Tora restringe tanto la esclavitud y demanda la ayuda para la redención de los esclavos, en medio de una realidad en la cual dicha institución era plenamente aceptada y se hallaba enraizada entre las naciones civilizadas. El fin del hombre es servir a Dios, lo cual, por otra parte, lo mantendrá plenamente libre. Para servir a Dios es necesario romper las cadenas de la esclavitud impuesta por tiranos, y al mismo tiempo destruir aquellas que se encuentran en la intimidad del ser y le impiden alcanzar las dimensiones de su grandeza espiritual. Estos conceptos emergen del análisis de los preceptos que aparecen en el capítulo 25 del Levítico, que tienen por colofón al versículo 55, donde dice: “Los Hijos de Israel son siervos para mí, son mis siervos, que he sacado de la tierra de Egipto, Yo soy el Señor vuestro Dios”.
La Ley y su cumplimiento regulan y limitan las actitudes del individuo y sustentan de tal modo la garantía de libertad del mismo y de la sociedad de la cual forma parte. Pero toda sociedad, al igual que todo individuo, posee sus propias metas y desafíos, los mismos, de acuerdo a la Tora, deben servir para el enaltecimiento de su propia gente y de todos aquellos que se encuentran en su derredor y de lo humano en general. Hubo pueblos que bregaron por la libertad de sus ciudadanos, postrando a otros en la más mísera esclavitud. Otros, brindaron aparentemente libertad plena a sus ciudadanos, pero al no inculcarle valores, éstos trocaron la libertad en libertinaje. Por lo cual, la libertad adquirida sólo se sustenta mediante la Ley y los valores que la misma refleja, los que a su vez permiten el pleno desarrollo de aquella en el individuo y la sociedad.
Es por ello que en la bendición con la que se reciben a todas las festividades se incluye la fórmula: ‘Zejer li-Yietziat Mitzraim” (en recuerdo a la salida de Egipto), y en los rezos diarios debe rememorarse igualmente aquel acontecimiento, pues la vida del hombre ronda en derredor de este concepto, de su obtención y desarrollo a través del diario accionar.
Es también por esta razón que la Tora relaciona la festividad de Shavuot, en la cual se rememora la entrega de la Tora al pueblo de Israel en el monte Sinai, con la de Pesaj, en la cual se festeja la obtención de la libertad. Todas las festividades bíblicas poseen una fecha bien definida en el calendario, la única que se estipula mediante la extraña fórmula: “el quincuagésimo día contado a partir del segundo día de Pesaj”, es Shavuot; enseñándonos la íntima relación que existe entre ambas festividades. Los sabios del Talmud se refieren a Shavuot con el nombre de Atzeret, que puede traducirse como: “lo retenido”, siendo el nombre completo de la festividad: Atzeret shel Pesaj (Pesikta de Rav Kahana, 192a-193a), “lo retenido” o “aquello con lo que concluye” Pesaj.
La meta de la libertad es alcanzar el estado de derecho que permite y estimula la elevación espiritual del hombre, y ésta es la esencia misma de la existencia; por ello se repite en la oración diaria que las leyes de la Tora son “nuestra vida y la longevidad de los días de nuestra existencia”.
Shavuot es Zeman Matan Torateinu, el tiempo de “entrega de la Tora”, su recepción debe realizarse en cada uno de los días de nuestra existencia.

Rabino Abraham Skorka
Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano “ Marshall T.Meyer”
Rabino de la Comunidad “Benei Tikvá”