martes, 10 de mayo de 2011

Juan Pablo II, Beato de la Iglesia Católica Apostólica, Romana


Benedicto XVI proclamó Beato de la Iglesia Católica Apostólica Romana a Juan Pablo II, en la beatificación más multitudinaria de la historia de la Iglesia. Ante más de un millón de personas, según datos facilitados por el Vaticano, seis años y un mes después de su muerte, Juan Pablo II (1920-2005) fue elevado a la gloria de los altares por su sucesor, lo que no ocurría desde hacia mil años.
Judíos y Cristianos recibimos con enorme alegría esta noticia que nos llena de gozo sobre quien tanto hizo durante su pontificado por las relaciones entre judíos y cristianos.


Juan Pablo II: principal referencia de la bondad humana entre creyentes y no creyentes

Dr. Luis Xavier Grisanti

viernes 6 de mayo de 2011 12:00 AM


La vida de Karol Wojtyla trascendió la condición de líder de la Iglesia Católica para convertirse en la principal referencia de la bondad humana entre creyentes y no creyentes.


Pudo haber sido un designio de Dios el que el joven dramaturgo polaco que padeció los totalitarismos nazi-fascista y soviético, viniera al mundo para dejar un testimonio superior de paz y amor cuando la globalización secularista parecía renunciar al reino del bien y del espíritu como ejes de la presencia del hombre y la mujer en la tierra.

Juan Pablo II fue el primer Papa del siglo XXI, no sólo por la humanización del papado, por su ilustrado intelecto, por abrazar la era tecnológica o por sus viajes pastorales. Su pontificado ya tenía trascendencia histórica antes de que accediera al solio de Pedro en 1978.


Quién puede olvidar su acercamiento al judaísmo, cuando en 1986 visitó por primera vez en siglos el barrio judío de Roma y oró al lado del Rabino para afirmar la raíz común de ambas religiones; su reunión con el Dalai Lama en 2003; o sus encuentros ecuménicos con musulmanes y cristianos protestantes, anglicanos y ortodoxos. Sus 14 encíclicas son piezas esenciales de la doctrina social de la Iglesia. Evangelium Vitae, Centesimus Annus y Solicitudo Rei Socialis giran en torno de lo que será su mayor legado: el respeto sacrosan- to por la dignidad humana y la preeminencia de la libertad y los derechos humanos como valores que están por encima de sistemas políticos o económicos.

No dejó de recordar que la verdadera liberación de la Humanidad se halla en la revelación del espíritu en toda su capacidad creativa y no en la entronización de lo material y perecedero. Es este el significado de su beatificación.

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