lunes, 17 de mayo de 2010

PENTECOSTES

El Pbro. Tony Fidalgo, nos escribe desde Roma enviándonos su mensaje acerca de la próxima festividad cristiana, Pentecostés:


Pentecostés…(Jn 14,15-16.23-26) Ya anochecido, en el primer día de la vida nueva, cuando la alianza de amor entre Dios y la humanidad había comenzado definitivamente; la noche llega y en ella el temor convive con el espacio de liberación, en ella, a través de ella, el Señor de la historia con la fuerza inefable del Espíritu recreador obrará el paso definitivo, el éxtasis de la Pascua, la liberación de todo mal, de toda opresión (Éx 12,42; Dt 16,1). Allí estaban, los discípulos, todos, los de ayer y de hoy, sin más particularidad que esa de ser discípulos/as, hombres y mujeres que han respondido a la llamada del Dios de la Vida y que por ello recibirán el gran don de la paz (14,27s; 16,33), centrados en ella («llegó Jesús, haciéndose presente en el centro, y les dijo: «Paz a ustedes») no habrá más lugar para temores y sólo restará encender los corazones con la pasión por el anuncio y la realización de la vida nueva («les mostró las manos y el costado. Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor»). Manos libres para liberar y realizar lazos de fraternidad, costado abierto para derramar amor sin límite en medio de tanta herida que el desamor procura a diario. La alegría deja atrás el dolor, que el parto pascual por lo nuevo siempre ha de dejar, esta es una promesa que jamás se ha de olvidar («su tristeza en alegría se convertirá» 16,20). Y así se abre, con un nuevo impulso, la misión, el envío, con la fuerza que da estar centrados, no en el temor sino en la paz, pues de ahora en más, como buenos y fieles discípulos/as, hemos de poder realizar las obras junto al maestro, a pleno día (9,4) y producir frutos de vida abundante (10,10) unidos a él (15,5). Estamos impulsados/as por ese aliento interior vital del Dios que desde sus entrañas más íntimas nos comunica su misma vida de entrega fiel y comunional, para así poder recrear el proyecto original con ese mismo aliento libre, gratuito y vital (Gn 2,7; 1,1), ese soplo primordial, que es entrega fiel hasta el final (19,30) y que por ende así será en sus enviados/as. Estos/as son y serán la nueva humanidad con la fuerza del Espíritu de la verdad (17,17), que es el que engendra sin más la plena libertad (8,32), porque es el que libra de todo pecado; y allí está la misión según la cual podremos ayudar a que todos/as se entiendan y a que todos/as se aúnen para vivir el gozo de una nueva humanidad libre y liberada.

¿Será posible sumarnos a esta corriente del Espíritu? ¿Nos permitiremos la experiencia de una renovada vida centrados en la paz, primera y última, del Dios de la vida? ¿Quién de nosotros/as no anhela que los rumbos de nuestra historia sean más fieles a los buenos frutos del Espíritu? Pues bien, intuimos, desde ya, una respuesta positiva, que nos lleva sin más vueltas a dejarnos ganar, como comunidad de los seguidores/as del Dios de la Vida, por esa energía victoriosa que nos permitirá emprender la simple y ardua tarea de soplar la vida nueva, de insuflar el compromiso por la vida sin retaceos en cada momento y circunstancia de nuestra cotidiana existencia. ¡Basta de los soplidos quejosos y las infladas palabras huecas de discursos altisonantes y victimarios que no resuelven el drama de nuestra historia!; esta necesita ser recreada y el Dios de la vida cuenta con nuestras manos y costados abiertos en solidaria empresa con la de su Hijo y la de tantos/as hermanos/as que anhelan hoy más que nunca centrarse en torno a la paz, a la sinfonía armónica de la vida libre y liberada, superando los temores y rencores de una vida diezmada en sus más simples y hondas connotaciones de dignidad. Ese pecado se ha de desterrar o al menos ha de quedar en la evidencia de su más crasa terquedad…

Ven Espíritu de vida nueva, concédenos ser servidores/as
de una historia impregnada de tu paz…
Ven Espíritu de libertad, ayúdanos a encaminarnos
con humildad y audacia hacia nuevos horizontes de vida en comunidad,
más fraternales y serviciales…
Ven Espíritu de santidad, permítenos con tu impulso generar espacios
de sanación y purificación, para que los temores no apaguen la fuerza
de la misión en el aquí y ahora de nuestra historia…
¡Ven Espíritu de Vida vamos por una nueva salida
que apueste por el rescate de la vida!

                                                                P. Tony Fidalgo

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