sábado, 15 de mayo de 2010

Monseñor Romero y la Conversión Social


Caía la noche sobre Buenos Aires, cuando un conmovedor silencio invadió el lugar donde un grupo de personas, invitados por la Comunidad de Sant'Egidio escuchábamos las palabras de Marco Gallo, Andrea Poretti, Víctor Manuel Fernández, Jesús Delgado y Adolfo Pérez Esquivel , recordando a Monseñor Romero, mártir del siglo XX de la iglesia Católica.

Su vida, vivida desde lo más profundo del Evangelio, trasciende fronteras, porque su entrega, tal el mandato del Señor, la hace por AMOR a todos sus hermanos , especialmente por aquellos que menos tienen.

Las palabras del Pbro. Víctor Manuel Fernández, algunos de cuyos conceptos transcribimos, movilizaron a cada uno de los oyentes y nos instaron a volver sobre nosotros mismos y plantearnos la necesidad de preguntarnos si a través del ejemplo de Oscar Arnulfo Romero cumplimos el mandato evangélico.



El Padre Víctor Fernández, expresó : "............... la figura de Romero es una invitación a la conversión, particularmente a lo que hoy llamamos “conversión social”. Es verdad que Romero no se convirtió cuando llego al Salvador. Él siempre fue un cristiano sincero, profundamente entregado a Jesucristo, austero, con espíritu de sacrificio y amor al pueblo. Pero también es cierto que hubo un momento, en los últimos años de su vida, en que se produjo un compromiso particularmente significativo con los pobres de su pueblo.........." ".......Convertirse al Evangelio para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común” (EA 27). Esta conversión se produce cuando la vida del Espíritu logra sacarnos definitivamente de nosotros mismos para reconocer al otro, particularmente para reconocer al pobre...." y continúa diciendo........." Lo que produjo radical y definitivamente su conversión social fue el contacto cercano con el dolor de los pobres, fue la cercanía que le permitió “palpar” la injusticia. Esto ocurrió cuando murió el sacerdote Rutilio Grande, quien había optado por vivir en medio del pueblo más pobre.


En el velatorio Romero contemplaba cómo se agolpaban los campesinos pobres y percibía que se habían quedado sin su padre. Entonces sintió que a él le correspondía ocupar su lugar volviéndose más cercano que nunca.


Por eso es interesante que el Documento de Aparecida, retomando la opción preferencial por los pobres, la describe especialmente como cercanía, contacto, dedicar tiempo, estar con los pobres..."


Y continúa diciendo:"...... La sensibilidad y los hábitos posmodernos nos amenazan a todos. Por eso hoy podemos sostener hermosas ideas sin comprometernos. Así como hay políticos de café también hay liberacionistas de café que hace rato han dejado de tener contacto cercano y constante con los pobres. De esa manera sus discursos se vuelven cada vez menos significativos y cada vez menos eficaces. Romero nos interpela a pasar de las ideas a la entrega de la vida. A mí mismo, me despierta el dolor interior de aplazar con excusas constantes mi propia conversión social..."


Víctor Manuel Fernández

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