jueves, 18 de febrero de 2010

Caminando hacia la Pascua Judía y Pascua Cristiana



El mensaje de Pesaj

El relato de Pesaj es, junto al de la creación, el central de la Torah. Las vicisitudes que enfrentaron los Patriarcas en sus vidas, sus diálogos con Dios, son elementos esenciales para arribar al relato de la redención del pueblo del yugo faraónico, pero carecerían de sentido sin el mismo. Es que el pacto de Abraham con Dios iba a tener trascendencia en la medida en que un pueblo entero lo hiciese propio. La Biblia nos relata acerca de grandes individuos que supieron dialogar con Dios - los profetas - pero Él siempre les ordenó volver al pueblo para enseñarle, porque el desafío es conformar una sociedad de santidad, como dice el versículo: ‘Santos sean porque santo soy Yo, vuestro Señor’ (Levítico 19: 2). La elevación espiritual de algunos individuos, por más grande que fuere, sólo adquiere relevancia en la medida en que sirve para el compromiso espiritual de la sociedad.
En la gesta de liberación fue Dios mismo el libertador, Moisés, solamente su enviado. Cuando Él se revela al pueblo en el Sinai, al entregar el decálogo, no se presenta al pueblo como el creador de los cielos y la tierra, sino como el que los ‘sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud’ (Éxodo 20: 2). Toda Su gran creación adquiere un sentido cierto y valedero mientras halla un pueblo que se comprometa con Su mensaje de libertad que conlleva a los demás preceptos que refieren al respeto, la justicia, la misericordia y el amor, que se encuentran detallados en la Biblia.
Este relato, por ende guarda un mensaje sublime, tan importante que Dios mismo quiere ser rememorado mediante el mismo. Es que la libertad del individuo, aquella que sabe de la igualdad de los derechos y obligaciones de cada uno, también conlleva a la desestimación de todo credo pagano en los que ciertos hombres son transformados en semidioses.
Fue en Pesaj que Jesús llegó, junto a sus hermanos, en peregrinación a Jerusalem. La culminación de su mensaje se produjo en esta festividad. La esencia de la misma llegó de tal modo a la nueva religión que se gestaba.
En esta oportunidad, Pesaj 5770 / Pascua 2010, judíos y católicos coinciden temporalmente en la celebración. Que sea este un signo de coincidencia para todos aquellos que sustentan la dignidad del individuo, en su libertad y derechos, para todos los pueblos y naciones, a fin de que unidos en su diversidad puedan materializar una realidad humana digna de su Creador.
¡Felices fiestas!

Rabino Dr. Abraham Skorka
Rector del Seminario Rabínico Latinoamericano ‘M.T. Meyer’
Rabino de la Comunidad ‘Benei Tikva’


Cuaresma : esperando el espíritu de la Pascua:

Nos dice Anselm Grüm,... "Tiempo de cuaresma quiere decir también tiempo de penitencia transido de espíritu pascual. La palabra "penitencia" evoca en muchas personas asociaciones negativas. En efecto, se la relaciona con prácticas penitenciales, duelo, arrepentimiento y contrición. La palabra alemana para designar el "hacer penitencia" significa en realidad: "mejorar, reparar, restablecer, curar". De ahí que el tiempo de cuaresma sea el tiempo con el cual procuramos hacer las cosas mejor que nunca.
En la vigilia de cuaresma, los monjes cantan un himno que describe con imágenes admirables la meta verdadera de la cuaresma: "Viva con moderación el cuerpo; esté alerta el espíritu, y sea puro, para que el camino de este tiempo se convierta en un paso hacia la resurrección. Porque Dios creó estos días para sanar la tierra. Ahora, contemplemos señales, las cosas terrenales se convirtieron en símbolos, porque tras la escarcha y la noche del invierno, el año, en su nuevo curso cíclico, hace que la primavera prepare la tierra para la Pascua".
Mediante la cuaresma, Dios no solo quiere sanar el corazón humano sino toda la tierra. Quiere prepararnos para la Pascua, a nosotros y a todo el mundo, para que florezca de nuevo la vida a la cual Dios nos destinara originariamente. En realidad la penitencia consiste en vivir nuestra vida con mayor atención y cuidado; en hacer nuestro trabajo lo mejor de lo que lo solemos hacer, en orar con mayor intensidad, en cultivar con mayor conciencia nuestras relaciones y vivir plenamente el presente. La cuaresma nos invita a religar decididamente nuestro corazón a Dios y recorrer nuestra vida cotidiana fundados en Dios. Penitencia significa restablecer y sanar. A menudo nuestra vida es una vida dañada, una vida que se deja determinar por las heridas. En la cuaresma debemos observar nuestras heridas y ofrecerlas a Dios. Así sanarán. Y si somos curados, si alcanzamos sanación en plenitud, entonces nuestra vida se irradiará en bendición y sanación para otros.
Otro término para designar la penitencia es conversión. La palabra proviene del latín "convertere", que significa dar la vuelta, transformar. Y alude al hecho de regresar a un camino que se había tomado originariamente. La cuaresma nos invita a contemplar nuestros senderos de vida con mayor cuidado, ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué camino voy?¿Lleva esta senda a destino? ¿Es la correcta? ¿Estoy en camino o en realidad estoy estancado? ¿Cuál es mi camino interior?. De cuando en cuando debemos revisar nuestros caminos. Detenernos y preguntarnos si vale la pena seguir caminando por tal o cual senda. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas llama a la fe cristiana el "camino nuevo". Se trata de un camino que abre nuevos horizontes y nos introduce en una nueva vitalidad. Jesús habla sobre el camino ancho que conduce a la perdición y el camino angosto por el cual hallamos la vida.
El camino ancho es el que recorren todos. No se detienen a pensar: hacen lo que todos hacen. Se orientan por la masa, por los medios masivos de comunicación, por la opinión de los demás. En cambio el camino angosto es que el que ha sido trazado solo para mí. Cuesta trabajo hallarlo. He de preguntarme cual es mi vocación más íntima, cual mi fortaleza, que quiero realizar en este mundo. En mi camino de vida, ¿que huella quiero dejar en este mundo? ¿sigo la huella de mi propia vida o sigo huellas ajenas?. La cuaresma nos invita a encontrar la senda por la cual podemos hacer realidad esa imagen única que Dios ha pensado para nosotros.
Cuando nos animamos a confrontarnos con nosotros mismos en el silencio, es posible que acontezca una conversión interior de tal índole. Porque entonces aflora a la superficie lo que habíamos reprimido sumergiéndolo en lo hondo. Así pues esas cosas que estaban muy abajo querrán que las contemplemos y les demos en nuestra vida el lugar que le corresponden. Mediante esa vuelta y conversión, seremos transformados y se hará visible en nosotros la imagen original y genuina de Dios.

Anselm Grüm, "Vivir en el espíritu de la Pascua"

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