jueves, 24 de diciembre de 2009

Una nueva red latinoamericana de diálogo

Entre los días 6 y 8 de diciembre de 2009 tuvo lugar en Montevideo el Primer Encuentro Latinoamericano de organizaciones vinculadas al Consejo Internacional de Cristianos y Judíos (ICCJ). Participaron representantes de distintas organizaciones de diálogo judeocristiano de Uruguay, Chile, Colombia, Brasil y Argentina, junto a observadores del CJL, CLAI y CELAM. Fue organizado por la Confraternidad judeo-cristiana del Uruguay, patrocinado por la ICCJ con el apoyo de la Embajada de la República Federal de Alemania en Montevideo y la Fundación Konrad Adenauer.

El antecedente que ocasionó este Primer Encuentro Latinoamericano fue, sin dudas, la última conferencia de la ICCJ en julio de 2009 y el documento de allí emanado, conocido como "Los 12 puntos de Berlín". Durante aquella instancia internacional, los representantes latinoamericanos sintieron la necesidad de contar con un canal en el que las voces y las situaciones concretas de esta región del globo tuvieran especial recepción y resonancia.

Así fue que se promovió la posibilidad de encontrarnos en Latinoamérica para reflexionar juntos sobre "Los 12 puntos de Berlín" al modo latinoamericano.

El objetivo principal fue el análisis y la aplicación de este documento a nuestras realidades regionales. Pero lo que allí sucedió fue mucho más que el intento de "bajar" los 12 puntos de Berlín. Fue, más bien, "sacar desde dentro nuestro", desde nuestra propia experiencia de años de diálogo y desde nuestra propia encarnadura, nuestra forma latinoamericana de dialogar.

La ocasión se transformó en canal, en comienzo, en nuevo alumbramiento. El diálogo latinoamericano pujó por salir para hacer escuchar su voz y generar sus propios espacios regionales. Lo compartido, discutido y celebrado tuvo rostros colombianos, uruguayos, brasileros, chilenos y argentinos, y dio origen a una nueva red latinoamericana de diálogo.

Las actividades del encuentro se desarrollaron en torno a cuatro vertientes. Algunas tuvieron que ver con la acogida y la camaradería; otras, con la exposición histórico-teológica de contenidos; otras, con el debate, el intercambio de experiencias y la proyección a futuro; otras, finalmente, con el aporte de las instituciones observadoras. En la dinámica del encuentros se dio lugar tanto al debate entre todos los miembros de la asamblea como al intercambio por grupos nacionales.

El acontecimiento de encuentro fue, sin duda, mucho más rico que lo que las conclusiones escritas puedan expresar. Como suele suceder en este tipo de encuentros, cosas muy importantes pasan en los pasillos, en las comidas, en los cruces informales. Reencuentro entre personas que se habían cruzado en otras ocasiones, rostros nuevos que traen en sí desafíos e inquietudes, discusiones no exentas tensiones y disensos. Enriquecido con las exposiciones y debates formales, el encuentro como tal fue un paso histórico en nuestras trayectorias particulares y nacionales que se abren a lo regional.

El acuerdo que resultó pretende ser una palabra que recoge la experiencia, a la vez que un trazo de caminos nuevos por los que queremos aventurarnos. Transcribimos a continuación los puntos de acuerdo a los que llegamos y que, esperamos, inspiren decisiones, prácticas, actitudes nuevas.

Establecer una red de organizaciones que promueven el diálogo judeo-cristiano en los países de América Latina y el Caribe. Intercambiar experiencias, promover el establecimiento de instancias nacionales de dialogo donde aún no existen y estrechar vínculos con la ICCJ.


Promover la difusión, el estudio y la aplicación de "Los 12 puntos de Berlín" desde las organizaciones aquí representadas.

Fomentar y extender el diálogo interior y entre las distintas comunidades religiosas nacionales para motivar la participación mayoritaria de los creyentes.

Alentar el estudio mutuo de los textos religiosos. Incentivar el diálogo teológico como respaldo a la adecuada formación inicial de los sacerdotes, pastores y rabinos y la formación religiosa de niños y adultos en las comunidades y centros educativos.

Manifestar públicamente el diálogo judeo-cristiano como testimonio de nuestra fe que no admite fundamentalismos, prejuicios y estigmatizaciones de ningún tipo. Desde esta perspectiva, ratificamos aquí nuestra apertura a otras cosmovisiones religiosas y de fe presentes en nuestro continente.

Estimular el compromiso conjunto de los integrantes de nuestras comunidades para promover la justicia y la responsabilidad social, la práctica efectiva de los derechos y deberes de los ciudadanos y el cuidado bíblico de la Tierra y de toda la Creación.

Participar activamente y desde los valores que promueven nuestra experiencia interreligiosa en la celebración del Bicentenario de la Independencia que ocupará a varios de nuestros países latinoamericanos en los próximos años.

Apoyar a los grupos de jóvenes en nuestras organizaciones para la construcción de un mundo fraterno y en paz.

Montevideo, 8 de diciembre de 2009.




La Delegación Argentina estuvo representada por: Martha de Antueno, Pastor Jerónimo Granados; Marita Grandoli; Andrea Hojman, Griselda Beacon, Boris Kalnicki y Sra.

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